sábado, 16 de abril de 2016

Uber y los taxis, segundo asalto

A finales del pasado mes de marzo Uber, la compañía de transportes urbanos low cost acusada de hacer competencia desleal a los taxistas, volvió a operar en Madrid. Atrás quedaban 15 meses de inactividad tras orden de un juez mercantil, a pesar de que miembros del Gobierno como Luis de Guindos se habían mostrado favorables al asentamiento de esta compañía. Uber, esta vez empleando conductores con licencia para cumplir los requisitos, ha vuelto con fuerza y tratará de recuperar el terreno perdido en este período de inactividad.

Uber funcionaba y, ahora, vuelve a funcionar a través de una aplicación móvil. En ella los usuarios son localizados a través de un GPS y puestos en contacto con un conductor particular cercano a su posición que, eso sí, debe de estar dado de alta y confirmado por la compañía. Esta es la única peculiaridad que distingue a Uber del servicio ordinario de taxis: la comodidad, además de un inferior precio que permitió su crecimiento a finales de 2014, antes de su cierre y que no gusta entre los taxistas.

Estos, en su momento, consideraban injusto que cualquier conductor sin licencia pudiese ejercer este servicio profesional, medida que Uber se ha encargado de corregir en su regreso, contando con más conductores profesionales. También argumentan que no es justo que ellos tengan que pagar dicha licencia mientras los empleados de Uber no estén sometidos a esta regulación.

Estas protestas han llegado a alterar el servicio de taxis, incluso organizando cortes de circulación como ha sucedido esta misma semana en Buenos Aires. La compañía con sede en San Francisco, actualmente en funcionamiento en 300 ciudades del mundo, dispone de una posición ventajosa en las grandes ciudades gracias a su disponibilidad en cualquier momento (solo es necesario un smartphone para acceder a los servicios de Uber) y, por supuesto, su bajo coste. Corren malos tiempos para el sector del taxi y habrá que ver si terminan por aceptar que los tiempos han cambiado y que tienen un nuevo "vecino" u optan, como ocurre en Argentina, por enseñar los dientes para marcar su territorio.


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