La dependencia que, hoy en día, se da en muchas personas respecto a los teléfonos móviles es un hecho constatable y visible en el día a día. La nomofobia (o fobia a salir de casa sin el móvil) se ha convertido en una enfermedad con importante trascendencia en el siglo XXI, causando a quienes la padecen ansiedad, inseguridad y que llega, en casos extremos, incluso a causar dolencias físicas. Dependencia de la que ya hablé en mi último artículo en este blog y que se hace patente en el hecho de que escribo desde un móvil mi tercer artículo relacionado con los mismos.
Pero no estoy aquí para hablar sobre mi experiencia personal, tampoco sobre ese concepto de dependencia de los móviles que ya todos conocemos. Hoy pretendo introducir otro concepto del que tengo la sensación de que no se habla tanto, pero es igualmente incidente en la sociedad actual. Me refiero a la vigilancia y esta, por su parte, se da en dos sentidos.
Por una parte, está aquella vigilancia de la que somos más conscientes y, al mismo tiempo, más vulnerables: aquella que realizan sobre nosotros las grandes empresas de Internet. Compartimos diariamente una ingente cantidad de información al navegar por la red que no siempre sabemos dónde acaba o qué usos se le dan. Las famosas cookies recopilan esa información sobre nuestras visitas y la utilizan, entre otras, para realizar sugerencias personalizadas basadas en nuestras búsquedas de Internet. Pero es inevitable pensar que estos usos son solo la punta del iceberg y que hay mucho más que no conocemos.
Se hace patente que, más que usuarios de un servicio aparentemente gratuito, somos el producto para estas grandes compañías y que pagamos por él, ya que aunque no tenemos que rascarnos el bolsillo para abrir Facebook, Twitter u otras, sí damos estos datos como pago. De hecho, se calcula que todo el conglomerado controlado por Marc Zuckerberg (que incluye Facebook, Instagram, WhatsApp o Messenger) recopila datos del 85 por ciento de los internautas, dados de alta en al menos uno de estos servicios.
Pero también vemos cómo, dentro de ese campo de visión del que disponen los vigilantes, se empieza a dar esta vigilancia entre los propios vigilados. Probablemente el primer ejemplo que viene a la mente de todos es el polémico double-check del WhatsApp, que permite saber si otro usuario ha leído un mensaje. Bien es cierto que esta opción se puede desactivar de los chats individuales, pero no de los de grupo con lo que, como muchos usuarios han denunciado, se vulnera la privacidad del usuario. También en el WhatsApp podemos ver la última hora de conexión de un usuario, en Instagram se puede ver quién ha reproducido un vídeo que subimos a esta red social, en Snapchat podemos ver quién ha visto las fotos que hemos compartido...y así un largo etcétera.
Teniendo en cuenta que los smartphones son los dispositivos más utilizados, y que de ellos parte toda esta información, cabe introduciendo el concepto orwelliano del "Gran Hermano", como ente que conoce todo sin ser conocido. ¿Hasta qué punto llega esa vigilancia? ¿Es la propia sociedad actual ese Gran Hermano para el que nada es secreto? Y, la más importante: ¿son nuestros móviles el instrumento del que este "Gran Hermano" se vale para vigilarnos?
Fuentes:
http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2015/06/12/actualidad/1434103095_932305.html
http://www.lacuartacolumna.com/facebook-tiene-los-datos-del-85-de-los-internautas/
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